|
Ella es una Barbie rubia, preciosa, con los ojos
azules y un estilo Paris Hilton que provoca
temblores. Su boulevard de la fama es el paseo del
Revellín y su novio, por desgracia para ella, no es
Kent. Los 4 piercings, el “pelao” a lo quinqui de
polígono y una mirada tristemente perdida, lo
impiden.
El novio tiene moto y la Barbie se pasea con él
sobre dos ruedas calle arriba, calle abajo, luciendo
su palmito de vigilante de la playa todo lo que la
velocidad le permite. Tiene un casco rosa tan chic
como ella, con cristales de swarosvski en la visera
y la pegatina de un guaperas con colmillos
ensangrentados en la parte de atrás, bajo el título
de “Crepúsculo”.
Cada vez que la veo, mi alma motera vence a la de
hombrecito de a pie, cambia sus curvas por las del
asfalto y coloca la mirada sobre su codo,
inevitablemente. No, no soy un fetichista de las
articulaciones femeninas… es que es ahí donde ella
lleva siempre su casco. Tal vez su glamour de
princesa del reino caballa le impide darse cuenta de
que la seguridad está por encima del peinado, tal
vez sus andares de modelo de pasillo de Instituto
caminan hacia la estética y no hacia la
responsabilidad.
Pero la estética es efímera, se pierde con el tiempo
o, simplemente, cambia. Sobre todo, si no haces todo
lo posible por evitarlo. No quiero pensar qué
pasaría si la Barbie tuviera la mala fortuna de
tener que decir: “Tendría que haberme puesto el
casco”. Me gustaría que se diera cuenta de que la
carretera y las motos ofrecen libertad, pero también
conllevan un riesgo que sólo la prudencia puede
transformar en placer.
La Barbie no se pone el casco, no se da cuenta de
que la sangre de los colmillos del protagonista de
su pegatina, puede ser algún día la suya sobre el
asfalto, por muy duro y macabro que suene.
La realidad es esa y un solo segundo puede cambiar
años de peinados perfectos y lucimiento corporal por
una vida de cicatrices, en el mejor de los casos.
El “no Kent” tampoco ayuda mucho a la seguridad de
su rubia muñeca. Sólo le interesa lucirla, por
encima de todo, incluso de una vida que se sujeta a
su cintura cuando acelera y huele a perfume de
juventud recién iniciada.
Mucha suerte, Barbie… que la carretera te respete
siempre.
Escrito: Plataforma Motera de
Ceuta
Delegación P.M.S.V. Ceuta
|