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Por cierto, y antes que nada, en Moteros
de Salamanca hemos pasado lista a la vuelta de Jerez y creo que
estamos todos. Eso debe enorgullecernos y satisfacernos.
A lo que vamos, ¿Crisis? ¿Qué crisis?
Este era el título de uno de los discos de la larga trayectoria
de Supertramp, grupo legendario donde los haya. En estos tiempos
no se habla de otra cosa que de la crisis. Y es que en realidad,
es algo que está ahí y que afecta a todos. Y de esos todos
afecta en particular al colectivo que nos preocupa que es el de
las motos.
El otro día, en los diarios económicos
se publicó un artículo sobre como está afectando esta crisis a
los concesionarios de motos. Porque en este país, parece ser que
sólo existen concesionarios de turismos, y el resto de vehículos
parecen no existir. El gobierno sólo se plantea estudiar ayudas
para los turismos, porque en España hay que ayudar a la cantidad
de desempleo que pueden originar el cierre, parcial, temporal o
total de una fábrica de automóviles. Y es que tanto despido
junto queda muy mal en la prensa. Digamos que es muy poco
estético.
Todo eso está muy bien, a ver si alguien
se piensa que estoy en contra de eso. No. Sin embargo, ¿qué pasa
con las motos? Porque como decía el Machín, si, el de las
maracas, también son de Dios. ¿O es que no hay fábricas en
España de motos? ¿Qué pasa con Rieju y Suzuki (Asturias), con
Yamaha, Honda y Derbi (Barcelona), con Gas Gas (Gerona). Pues
nada. No pasa nada. Con las motos no pasa nada. No son
importantes. Ni generan puestos de trabajo, ni rebajan los
niveles de contaminación, ni ayudan a aligerar los atascos en
las ciudades, ni ayudan a ganar tiempo en los desplazamientos,
ni nada.
En el mencionado artículo, se
pronosticaba que antes de final de este año, un tercio de los
concesionarios de motos iban a cerrar. En Salamanca ya hemos
vivido un caso. Pero eso tampoco parece ser importante. Total,
¿Cuánta gente tiene un concesionario de motos? ¿Dos, tres
mecánicos? Eso no es importante para las estadísticas. Entre los
moteros, solemos criticar con cierta asiduidad, a los
concesionarios de nuestra ciudad. Yo mismo, lo he hecho en
muchas ocasiones, sin embargo hay varios aspectos que nadie se
para a pensar y que son muy importantes. Me gustaría explicar
algunas cosas sobre este negocio para que entendamos porque se
está pasando mal.
En primer lugar, las motos. ¿Alguien
sabe cuanto cuesta tener una moto en la exposición de un taller?
Porque las marcas no te dejan, digamos, seis motos, una por gama
para que las tengas ahí expuestas y ya se las pagarás cuando las
vendas. No. Las motos, o bien hay que pagarlas o bien hay que
tenerlas en una póliza de crédito que genera unos intereses a
precios algo superiores a los de mercado, porque claro, la marca
corre un riesgo en el concesionario. A mayores, hay que tener un
aval sobre esa Póliza de Crédito, no se te vaya a ocurrir un día
no pagarles las motos. ¿Cuánto tiempo está una moto de media en
una exposición? Pues de media de tres a cuatro meses. Con crisis
bastante más. Os puedo asegurar, amigos moteros que para ganarle
a una moto un concesionario 600 euros, es ya un triunfo. En una
moto de 12.000 € esto supone un 5%.
Si el concesionario ha tenido suerte y esos 600 €
son limpios por haber negociado bien y haber cargado en el
precio intereses, gastos de transporte y preentrega, pues se
puede dar con un canto en los dientes. Ahora pregunto yo
¿Cuántos negocios podrían sobrevivir con un margen del 5%?
Contestaros vosotros mismos.
Ahora vamos a los accesorios. Muchas veces, y yo lo
he hecho, criticamos que los concesionarios no tienen gama de
monos, de botas, de trajes, de cascos de…, y que los precios
están muy por encima de Madrid o de Andorra, por ejemplo. Esos
accesorios, tampoco te los dejan las marcas en depósito y ya se
los pagará cuando los vendas. No. Hay que pagarlos. Vamos a
imaginar que confían en ti y que te dan 90 días para pagarlos.
¿Cuánto tiempo de media están en exposición? Porque claro, o
vendes en la temporada o no vendes. La temporada que viene,
aquella raya que era roja pasa a ser verde y medir centímetro y
medio más que la de antes. Ya no lo vendes. Es lo que se llama
en el argot un “obsoleto”. Ahora me voy a plantear ser el mejor
en una zona nada motera como es la nuestra. Voy a vender con muy
poco margen para competir con Internet y sus tiendas “on line”
¿Qué consigo? Nada. Porque yo tengo una marca, la otra tienda
tiene otra y la de más allá una más. Puede que coincidan dos
marcas, ¡pero es que una tienda “on line” las tiene todas! ¿En
que me acabo convirtiendo? En el probador de las tiendas “on
line”
Taller. ¡El taller! Esto si que es tremendo. Por 50
euros somos capaces de hacernos 100 km para comprar unas ruedas
en otro sitio. Que en realidad son 200 km, que nos ha costado 15
€ de gasolina. Más otros 10 € de gastos varios, que si un café
que si un croissant. Al final me he ahorrado 25 € y he perdido
un día de descanso o de vacaciones o me he jugado un escaqueo
del curro. Luego, vamos a esperar que se acabe la garantía y a
llevarla a un taller que no es oficial. ¿Alguien se ha
preguntado alguna vez que necesidad tiene un taller de ser
nombrado oficial si puede perder clientes por precio? Pues que
se lo contesten a sí mismos. Un taller oficial recibe formación
específica, que no es gratis, software específico y está
obligado a unas especificaciones, utillaje e instalaciones que
no necesitan los demás. Si en una ocasión una reparación mal
efectuada fuera de garantía, puede tener el amparo de la marca,
pero fuera de un taller oficial, ¿quién la garantiza?
Esto no quiere decir que el taller que no sea
oficial no sea profesional. ¡En absoluto! Hay grandes
profesionales fuera de los talleres oficiales, incluso mejores,
pero no son oficiales y por tanto, por lógica, tienen que ser
más económicos. Ahora bien, ¿merece la pena el ahorro? Eso lo
debe valorar cada uno.
Con todo esto, he querido plasmar que con estos mimbres hay que
hacer los cestos y que cuando viene una crisis como esta, los
negocios como los de los concesionarios de motos no son, en
absoluto, lo rentables que nos creemos. Lo están pasando mal,
porque sus márgenes son muy reducidos en época de bonanza, por
lo que si además se quedan sin volumen de trabajo, con los
mismos costes, pues que cada uno saque sus conclusiones.
Con esto tampoco quiero decir que sean Hermanitas de la Caridad.
¡Claro que no! Pero es que los clientes tampoco. Son empresarios
que se han arriesgado y que por lo tanto están sujetos a los
vaivenes del mercado. Lo que pasa que en este mundillo nuestro,
los concesionarios pertenecen a gente apasionada por las motos,
y ese es el problema. Cuando tu pasión se convierte en tu medio
de vida, la pasión se puede volver maldición
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