NORU

el adiós de Lugi

 

Escribir un panegírico es posiblemente lo más difícil precisamente y aunque parezca un contrasentido, lo es porque es muy fácil caer en la excesiva complacencia y no transmitir claramente aquello que se quiere decir.

            Juan Antonio, Noru, fue para todos ese motero que siempre está donde tiene que estar. Daba igual si era Pingüinos, una ruta cualquiera, una manifestación, una asamblea o simplemente una reunión improvisada. Nunca faltó a nada y lo que es más importante, siempre podías contar con el.

            Yo no recuerdo a Noru de otra forma que no sea sonriendo. Siempre tenía esa expresión tan suya, tan característica y que te transmitía que el mundo no era tan malo como parecía. Los reveses de la vida, de los que Noru tuvo varios, parecían menos reveses gracias a su sonrisa. No puedo imaginarme el Western sin su presencia, presencia que iba de un grupo a otro de los que en la barra se aposentaban, hablando con todos y cada uno, ajeno a las cosas que separaban a unos grupos y a otros, a las diferencias que entre unos y otros pudiesen existir. No puedo imaginarme la puerta del Western sin sus cigarritos puros.

Yo siempre he pensado que la vida es un libro. Un libro que, como todos, tiene un principio y un final y entre esas dos cosas está todo aquello que nos va sucediendo. Vamos llenando capítulos y hojas en blanco que vamos dejando a atrás. Todas las cosas que nos pasan, buenas y malas, todas las personas que vamos conociendo y que se transforman en personajes de ese libro. Todo está en el libro que cada uno escribimos con nuestras vidas.

            El libro de Noru no fue un libro fácil porque su propia vida no lo fue, sin embargo nunca le faltó el compañerismo, la sonrisa, la broma. Y por esa razón yo admiraba a Noru. Podría haber escrito su libro con cierta amargura, con negatividad por la propia vida pero no fue así. Lo escribió con renglones rectos, con esa actitud apaciguada y sonriente que tenía. Nunca decimos a los demás, a aquellos que merecen la pena que nos gusta su libro, que sentimos admiración por ellos y cuando nos damos cuenta de hacerlo es tarde.

            Noru se ha ido y nos ha dejado un gran vacío. No debía haber ocurrido, pero así ha sido. Escribió su último capítulo y como ocurre con esos libros que nos apasionan, nos ha dejado con ganas de más, de mucho más. Se cerró su último capítulo y ya forma parte de nuestros propios libros, del de cada uno de aquellos que pudimos disfrutar de él.

            Noru, gracias por ser como has sido y gracias por dejarnos asomar al libro de tu vida.

 

 

   volver página principal