Hernández y Fernández son personajes ficticios creados por el dibujante belga Hergé en su serie de cómics Las aventuras de Tintín. Sus nombres en la versión original en francés son Dupont et Dupond.

   Se trata de dos agentes de la policía secreta idénticos en aspecto y vestimenta cuya única diferencia es la forma del bigote. En el original, Dupond es el que tiene el bigote recto, mientras que el de Dupont se dobla un poco hacia afuera.

   El vínculo que los une jamás está claro; no parecen ser hermanos, ya que tienen apellidos diferentes. En algunos volúmenes se da a entender que viven juntos; ellos se llaman el uno al otro "amigo" o "colega". Los demás personajes los llaman "los inseparables", "los policías" o, sencillamente, "los Fernández". Probablemente la intención de Hergé fuera caricaturizar a un determinado tipo de funcionario, en todo idéntico a sus colegas.

   Son dos personajes de personalidades bastante distraídas y poco lúcidas que resultan incompetentes para las misiones que se les asignan. Su rol dentro de las historias es generalmente secundario, ocasionando ciertos gags, aportando algún dato a Tintín que lo hará introducirse en una aventura o llegando con refuerzos cuando ésta casi ya ha concluido. Las confusiones más comunes en las que caen son las de querer pasar desapercibidos disfrazándose con un disfraz que creen típico del lugar y es en realidad ridículo. Suelen también confundirse ampliamente con respecto a lo que están investigando, aunque posiblemente su característica más recordada es que cuando uno de los dos afirma algo, el otro lo reitera cambiando palabras de lugar, diciendo de esta forma lo contrario o algo sin sentido.

Su primera aparición tuvo lugar en la historia Los cigarros del faraón, cuarto álbum de la serie, en el que pretenden arrestar a Tintín por un supuesto tráfico de drogas.

 

 
 

FernándezEste individuo nos ha insultado y le exigimos una explicación.

 

HernándezEso es... este individuo nos ha explicado y le exigimos un insulto.

 

FernándezNo es eso, ¡desgraciado! ¡Es al contrario!

 

HernándezEn efecto, en efecto... Hemos insultado a este individuo y le debemos una explicación.

 

 

 

 

 

 

 

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